El Danubio en bicicleta con niños – Etapa 3 – Linz – Sankt Nikola

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La tercera etapa de nuestro recorrido por el Danubio nos llevaría de Linz a  Grein, por el Danubio. Bueno… en realidad llegamos a Sankt Nikola, un poco después de Grein, rodando todo el rato por la orilla norte.

Recuerda que esta es una entrada de una serie de 11 sobre nuestro viaje al Donauradweg a su paso por Austria. Puedes usar la primera entrada como índice para leer en orden.

El final típico de esta etapa es Grein. Sankt Nikola está 4 kilómetros más adelante de Grein en el sentido de nuestra marcha. Tuvimos que elegir este destino como final de etapa porque durante la fase de preparación no encontramos ningún alojamiento que nos cuadrara en Grein para los nueve que éramos.

Esta etapa tiene mucho que contar, ya verás.

Track disponible en Wikiloc

 

A ver cómo lo hacemos para llegar de Linz a Sankt Nikola…

Sobre el mapa tenemos aproximadamente 73 kilómetros entre ambas localidades. Es una buena kilometrada pero es factible, claro. La cosa es que se pasa por Mauthausen y desde el principio consideramos la visita al memorial del campo de concentración como una parada obligada. Para aligerar la jornada decidimos hacer la primera parte, entre Linz y Mauthausen en bici y tras la visita coger el tren (REX) para llegar a Grein.

Pero días antes de nuestra partida vimos que por mantenimiento el tramo entre Mauthausen y Grein estaba cortado. Se prestaba servicio alternativo de autobuses, pero no podíamos meter la bici así que decidimos hacerlo al revés: llegar a Mauthausen en tren y hacer la segunda parte de la etapa en bici. Salían más kilómetros pero tampoco un disparate.

En el tren de camino a Mauthausen

 

Compramos con antelación los billetes para este trayecto incluyendo las bicis, pero ahora creo que siendo «cercanías» no habría hecho falta.

Para llegar a la estación de tren de Linz desde el hotel rodamos un cuartito de hora por la ciudad. Iba yo guiando al grupo usando Google Maps y nos pasó una cosa muy graciosa. Llegamos a la altura de la estación de tren, pero por la acera que no era. Y con cierta prisa, para variar. Si te digo la verdad me metí en el primer edificio que vi. Me pareció raro que el acceso a la estación central de Linz fuera tan estrecha, apenas se podía uno mover con la bici y además había solo una fila de tornos para acceder. Claro… ¡Era un edificio del gobierno local! Esta quedó apuntada en mi cuenta.

Llegamos a coger el tren en Linz sin problemas. Y volvimos a colapsarlo colocando bicis en todas partes pero esta vez sin nervios y sin estrés, que la experiencia es un grado. Si fue un poco tensa la bajada del tren en la estación de Mauthausen. Íbamos en vagones distintos. Nos habíamos dividido en dos grupos, y por el motivo que sea Alicia no salía al andén. Luego supimos que había asegurado la bici con las correas que tienen los vagones especialmente para ello pero no era capaz de quitarlas. También hubo algo de confusión de que si esta es la parada, que si esta no es… es la siguiente. Finalmente salimos todos sin perder a ningún miembro de la expedición por el camino. Mejor así.

Entrada de Mauthausen

 

Las cuestas más duras de todo el viaje

Saliendo de la zona de andenes se ve que habíamos gritado bastante en español porque un operario de la estación, austriaco, que había estado viviendo en Rivas Vaciamadrid se puso a saludarnos. Se le estaba olvidando el idioma pero se le entendía perfectamente. Le comentamos que estábamos haciendo un tramo del Danubio en Bicicleta con niños y hoy tocaba la etapa en la que íbamos de Linz a Sankt Nikola. Nos despedimos de él y comenzamos nuestro camino hacia el memorial del  campo de concentración.

Desde la estación de tren hasta el campo hay unos tres kilómetros y casi todos son cuesta arriba pero los primeros cientos de metros son llanos. Aquí tuvimos una liada de las buenas.

No pasó nada para lo que pudo pasar. Estaba yo guiando la marcha como solía ser habitual y me confundí de camino como pasó tantas otras veces durante los siete días. A mi señal de frenar fuimos todos parando uno a uno pero María no se enteró a tiempo y cuando le llegó la información de que nos parábamos tuvo que pegar frenazo.

No hubiera pasado nada si no hubiera estado usando el móvil con la mano libre. Pegar frenazo con una sola mano es sinónimo de caerse y eso le pasó a María, que se cayó. ¡Pero para hacerlo más épico en vez de caerse hacia el carril bici se cayó hacia el lado de la carretera! Suerte que la furgoneta que venía detrás tuvo tiempo (de sobra) de parar.

Aún hoy se nos pone la piel de punta y los pelos de gallina de pensar la desgracia que podría haber pasado si la caída sucede unos segundos más tarde o si la furgoneta llega a ir un poco más rápido. Pero como las cosas estaban de salir bien, todo quedó en una anécdota más.

De camino al memorial desde la estación hay unos 3km de subida

 

Con bastante esfuerzo subimos las cuestas. Algunos, los que estaban más en forma, consiguieron subir todas montados en las bicis. Otros echamos pie a tierra. No fui yo a Austria a que me de un perrenque subiendo un cuestazo de los gordos.

Dejamos la bicis atadas aunque seguramente no era necesario

 

Hay dos formas de llegar al campo de concentración, una más larga pero con menos pendiente y otra más corta pero con cuestas más duras. Nosotros fuimos y volvimos por este segundo camino.

Dejamos todas la bicicletas debidamente aparcadas y encadenadas que seguramente no sea necesario pero… ¿Qué quieres que te diga? Sangre del sur de Madrid corre por nuestras venas y no podemos evitar pensar que nos van a robar allá por donde vamos.

Respecto a la visita al memorial del campo de concentración prefiero no hacer demasiados comentarios. Todos sabéis lo que pasó allí y prefiero mantener el tono de la narración en la línea (amable, diría yo) del blog. En cualquier caso hay un montón de información tanto de lo que fue como de lo que es en la actualidad.

 

Es la hora de comer

Terminamos nuestra visita pasado el mediodía y el sol pegaba fuerte. A la subida habíamos visto un Lidl y a la bajada paramos a comprar provisiones para la comida. Ya sabéis… pan, embutido, fruta… la dieta del cicloturista.

Habíamos leído que en Mauthausen había una piscina con tobogán y como era la hora de comer y hacía calor pensamos que no íbamos a encontrar mejor lugar para descansar un rato y reponer energías.

La entrada costaba 7,5€ por familia. Regalado. La piscina estaba perfectamente cuidada y apenas había gente. Enseguida nos pusimos el bañador para darnos un chapuzón antes de comer.

Piscina con toboganes en mitad del camino de Linz a Sankt Nikola

Piscina con toboganes en Mauthausen

 

Ver (o mejor dicho, escuchar) a María tirarse por el tobogán fue de lo mejorcito del día. En la piscina también había varios trampolines. Del más alto no nos atrevimos a tirarnos pero del pequeño sí. Y no veas qué sensación da. Cuando lo ves parece fácil pero una vez te tiras pierdes toda la dignidad.

Porqué no disfrutarlo 🙂

 

Hay que ponerse en marcha

Salimos del agua con regañina del socorrista incluida (a dos elementos bastante subversivos de nuestro grupo a los que no voy a nombrar porque aún tienen un futuro por delante) por caminar por dentro del tobogán. Nos comimos los bocatas y tristemente, porque en la piscina se estaba que te cagas, nos pusimos a dar pedales, que para eso habíamos venido a fin de cuentas.

De Linz a Grein por el Danubio Andrés

Andrés continuando el camino

 

Los bañadores y las toallas húmedas es mejor no guardarlos en las alforjas para evitar que se genere vida en ellos. Lo mejor es colocarlos en el trasportín y que se vayan secando según vamos haciendo kilómetros. Acepta este consejo que nos dio muy buen resultado.

Estábamos cansados, hacía calor y el recorrido se nos estaba haciendo bola. Buena parte del recorrido iba por encima del dique y la monotonía pasaba factura a nuestro ánimo.

De Linz a Grein por el Danubio pensando

Rectas infinitas que animaban a pensar y a disfrutar del paisaje

 

No estábamos a gusto así que decidimos parar a tomar una cerveza y un helado en un chiringuito que vimos como un oasis en el desierto a la altura de un pueblo llamado Wallsee.  Recargar las botellas de agua nos costó 50 céntimos por botella porque no era agua del grifo sino de una fuente de estas que se ponen en las oficinas y que funcionan con garrafas enormes de color azul.

Hacer esa parada fue la mejor decisión que pudimos tomar. Retomamos la marcha de Linz a Sankt Nikola con energías e ilusiones renovadas. Además, el paisaje cambió para bien. Al principio tuvimos que rodar un poco por carretera, lo que siempre nos saca de nuestra zona de confort, pero apenas pasaron coches. Más adelante volvimos a tomar el carril bici. Nos habíamos separado ligeramente del río y avanzábamos entre campos de maíz y bosques preciosos. Las nubes taparon un poco el sol y la temperatura era muy agradable. En estas circunstancias tan favorables avanzamos a muy buen ritmo durante mucho rato.

De Linz a Grein por el Danubio por los campos de maíz

Campos de maizales y bosques en nuestra etapa de hoy

 

Llegamos a Grein

Volvemos a encontrarnos con el Danubio tras nuestro pequeño affaire con los maizales y el carril se ensancha. Vuelven las rectas largas y los «¿Cuánto queda?» se hacen cada vez más frecuentes.

Con paciencia llegamos a Grein y parece un lugar muy, muy agradable. Pero no paramos ni para hacer una foto. Estamos deseando terminar la jornada. El día se nos hizo largo, no te lo voy a negar.

De Linz a Grein por el Danubio la familia casi al completo

La familia casi al completo

 

Pero el camino todavía nos guardaba una sorpresita un poco desagradable. Como os comenté al principio de esta entrada nuestra etapa terminaba en Sankt Nikola, a 4 kilómetros de Grein. Pues bien, esta distancia hay que recorrerla por una carretera que al principio presenta un arcén minúsculo que directamente desaparece en el último tramo y con un tráfico que flipas.

Vamos, que pasamos un rato malísimo porque íbamos con cinco niños que ya habían aprendido más o menos a guardar cierta disciplina a la hora de rodar por carretera pero que no dejan de ser infantes. Yo, yendo el primero, no era consciente de la caravana que fuimos formando. A los coches que venían por nuestro carril les resultaba muy complicado adelantarnos porque el tráfico era denso en ambos sentidos.

Llegamos sin percances a Sankt Nikola y poco nos faltó para besar el suelo como hacen los pontífices. ¡Menudo alivio!

En esta ocasión pasaríamos la noche en sendos apartamentos. Dos anécdotas acontecieron. La primera, que tuvimos que pagar en efectivo. Si queríamos pagar con tarjeta la tarifa se incrementaba en un 5% ¡Recuerda llevar dinero contante y sonante!

La segunda, que mientras rellenábamos las fichas del check-in a Jaime y a mí nos empezaron a picar los ojos. Al punto de que nos era complicado incluso leer. Nos dió un ataque de alergia de los buenos. Algo habría en el ambiente. Jaime lo paso peor. Sobre todo porque el gerente se empeñó en hacernos una foto de familia en el tresillo del apartamento grande. Todos sentaditos y sonrientes y Jaime con los ojos por los suelos. ¡Otra foto! ¡Un estornudo! ¡Espera que el señor quiere sacar otra foto! Y Jaime venga a estornudar. ¡Que esto no se acababa nunca! Y Jaime se moría de alergia. Debió darse por satisfecho el buen hombre a la quinta o sexta foto y Jaime pudo salir a respirar fuera de ese salón para recuperarse.

Es importante señalar que alrededor de los mismos no hay NADA. No hay bares ni tiendas donde comprar de comer o de beber. Por suerte nosotros habíamos comprado la cena en el Lidl de Linz. Algo de pasta que entra bien tras un día de pedaleo. El gerente del establecimiento, que al día siguiente nos hizo un favorazo de los gordos, nos comentó que a veces lleva a sus huéspedes a cenar al siguiente pueblo en su furgoneta.

¡Vaya día! Sin duda el más duro y con un final bastante estresante. Pero habíamos completado la etapa más largas de Linz a Sankt Nikola y habíamos llegado casi al ecuador del viaje.

Tras lavar algo de ropa y tenderla, cenamos y nos fuimos a la cama. Creo que nunca me he acostado tan temprano, cerca de las 22:00, y con tanto cansancio. Había que descansar para afrontar el siguiente día de pedaleo que nos llevaría de Sankt Nikola a Melk.

1 comentario en “El Danubio en bicicleta con niños – Etapa 3 – Linz – Sankt Nikola”

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