Guadarrama – Abantos – Alto a la Guardia Civil

Portada » Blog » Perdedores BTT – Rutas » Guadarrama – Abantos – Alto a la Guardia Civil

 

Ponte cómodo porque la crónica de esta ruta, feo está que yo lo diga, mola bastante. Porque nos juntamos un buen grupo, porque el recorrido está guay, porque (por listos) nos dio el alto la Guardia Civil y porque el resto del día lo dedicamos a comer y a beber entre risas. Vamos, un planazo que ni te imaginas.

Resulta que a finales de mes nos vamos a hacer un viaje en bici de los buenos y la primera etapa es algo dura. Así que hay que entrenar un poco. En Leganés es complicadísimo acumular desnivel así que organizamos una salida en bici por Guadarrama seguida de una comilona porque así el día se quedaba redondo.

El Recorrido

La ruta propuesta fue una de las que hace a veces Jaime.

Track disponible en Wikiloc

Saliendo de Guadarrama se llanea hasta el Camping de El Escorial para empezar a subir bastante a saco por La Penosilla. Que le comentaba yo a los Perdedores… ¿Por qué les ponemos nombres tan desagradables a las subidas? ¿No podemos llamarla «Vistaschulas» o «Premiaesfuerzos»? No… en vez de eso pongámosle «La Penosilla». Como si no supieras tú ya que vas a penar como un pobre desgraciado.

Una vez arriba debíamos rodear una finca para adentrarnos de manera clandestina en el Valle de Cuelgamuros y atravesarlo con talento para salir por el Barranco de los Lobos, en La Jarosa, y bajar a Guadarrama silbando. En total algo menos de 50 kilómetros de pisteo (principalmente) para acumular casi 1000 metros de desnivel. Vamos, un entrenamiento bastante, bastante decente.

Al que madruga…

El plan era quedarse a comer en un restaurante. Teníamos reserva en La Calleja a las 15:30, tirando a tarde, pero como la ruta era morrocotuda y éramos un grupo grandecito consideramos oportuno tener margen. Por eso mismo quedamos temprano. A las 8:30 estábamos todos en perfecto orden de revista. Yo, en mi caso, vestido de largo que en la sierra siempre hace unos cuantos grados menos que en Leganés y prefiero pasar un puntito de calor en vez de uno de frío.

El Bombi, Javi, Miguel, Sergio, Jesús, Jorge, Jaime y un servidor salimos dando pedales hacia la aventura con las piernas llenas de energía y los corazones de ilusión. Ya sabéis cómo son el principio de las rutas. Básicamente nos ponemos al día de nuestras vidas aquellos que hace más tiempo que no nos vemos. El rodar es tranquilo mientras calentamos el cuerpo. Avanzamos hacia Alpedrete en dirección sureste por pista ancha y cómoda. Conozco el camino y echo en falta los arroyos que suelen dificultar el paso. Se nota que el verano ha sido seco, no hay ni gota de agua. Cruzamos primero la N-VI por encima y luego la A-6 por debajo para llegar a Los Negrales y encarar dos largas rectas que nos llevarían hasta las inmediaciones del Camping de El Escorial.

Empieza lo bueno

Siempre que nos juntamos mas de 3 se forman grupos. Y por lo que sea siempre acabo en el que rueda en último lugar. No lo entiendo, no tengo ni idea de por qué ocurre así. Vamos por el paseo de Monesterio (ojo, que no «Monasterio») en dirección a El Escorial. Recuerdo este camino de haberlo hecho en familia y puedo asegurar que en primavera luce mucho más que en verano. Pasamos junto a las ruinas de la Casa de Oficios de Felipe II y a las de la ermita de Santa Filomena. Anda que no habrán visto pasar ciclistas estas piedras.

El camino presenta muchísimos badenes y no queremos ni pensar cómo estará cuando llueva. Posiblemente incómodo porque, aún sin agua, tanto esquivar, subir y bajar se nos hace un poco pesado.

Llegamos al camping y lo dejamos a la derecha. Seguimos avanzando hasta la carretera M600, que a esa hora aún no lleva tráfico. Justo antes de cruzar hacemos una paradita para ir al WC y comer algo, que se nos viene de manera inminente la primera de las subidas: la gorda. Echo en falta un gel, se me han acabado y se me ha olvidado reponer. Me tengo que conformar con una barrita Glucobar de las que me sobraron cuando preparé el vídeo de los torreznos. No estaba mala. Cruzamos la carretera por una glorieta y rodamos en paralelo a ella apenas unos metros antes de girar a la izquierda para comenzar a subir una carreterita que pasa junto a un insectario (este sitio tiene que molar bastante). Poco después giramos a la derecha para comenzar a subir…. LA PENOSILLA.

Se trata de una subida de unos 4 kilómetros con pendiente media del 9% aproximadamente siendo el mayor porcentaje que vi en el reloj del 12%. No es una locura, ya lo sé. Hay mil millones de subidas más duras. Pero, ¿qué quieres que te diga?… A nosotros nos puso en nuestro sitio. Miguel, que está loco, tiró con fuerza. El Bombi creo que le fue a la zaga y luego me consta que iba un grupo formado por Javi, Jaime, Sergio y Jorge. No sé si estos cuatro luego se separaron en más grupos. Lo que sí te aseguro es que yo me quedé el último. Con Jesús.

Y es que íbamos a nuestro ritmo, tranquilitos, de charla. Vimos que en un giro a derechas había una pintada en el asfalto que decía «SQ 5». Jesús comentó que las curvas estaban contadas pero no sabíamos si en sentido creciente o decreciente. el «SQ» a mí me sonaba a «Solo Quedan» y eso me motivaba, pero también podía ser un nombre como «Santiago Quiroga» o un alarde de mala leche como «Sufre, Querido», con sorna. No lo sabríamos hasta la siguiente curva.

Por suerte en el siguiente giro a derechas ponía «SQ 4». ¡Menos mal! Esa referencia nos animó mucho. No voy a decir que las demás marcas pasaran rápido porque tuvimos que pelear cada pedalada, pero al final completamos la subida y nos agrupamos con el resto de perdedores en el mirador de La Penosilla. Lo justo para respirar y comer un plátano porque lo que se nos venía ahora iba a ser tela marinera: dejamos la carretera asfaltada y tomamos un camino a la derecha que tras pasar una cancela se empina para arriba que no veas. Llegué a ver un 22%, fíjate lo que te digo. Estas rampas tan brutales unidas a la cantidad de piedras sueltas que tenía el camino hacían imposible (para nosotros) subir dando pedales y todos sin excepción echamos pie a tierra. Nos tocó caminar ese trecho, que costó lo suyo, no te creas.

Una vez arriba, pasamos por otra cancela y continuamos nuestra ruta rodando cuesta abajo. Lo agradecimos porque llevábamos un calentón que no veas. Y llegamos hasta la puerta que cerraba el paso al Valle de Cuelgamuros.

Toma, toma liada…

¿Os acordáis de «Qué vida más triste»? Esto es lo que habría dicho Borja de haber venido con nosotros a montar en bici. Pero no voy a adelantar acontecimientos.

Nos encontramos razonablemente a mitad de ruta y bastante satisfechos porque hemos superado el primer obstáculo (La Penosilla) y nos disponemos a encarar el segundo. Pero para ello tenemos que saltar el muro que nos separa del Valle de Cuelgamuros. Hay una puerta con un candado como el de un penal de grande, pero al lado el muro está semiderruido y hay piedras colocadas a modo de escalera para dar todas las facilidades a la gente para pasar al otro lado. Nosotros, siendo también gente, no dudamos en saltar ayudándonos los unos a los otros a pasar las bicis haciendo una cadena humana de solidaridad que sería la envidia de cualquier ONG.

Rebobino un poco porque he dicho que no dudamos, pero no quiero faltar a la verdad. Sergio expresó sus dudas y preguntó justamente: «¿Seguro que podemos pasar?». El resto, que somos de un cachondo que a veces no nos aguantamos ni nosotros, contestamos en un alarde de literalidad que «poder» se podía porque de hecho lo estábamos haciendo. Tirando por el suelo las oportunas advertencias de Sergio, que aún habiéndose erigido como la voz de la prudencia no encontró en sus argumentos un receptor a favor de obra, saltamos todos como si fuéramos bandoleros del siglo XXI dispuestos a robar gallinas.

Valle de CuelgamurosPinares preciosos y solitarios

Seguimos subiendo. Esta vez por un pinar precioso. Menuda sensación de paz, menudo silencio, menuda soledad. No había nadie, claro… Tras otros cuatro kilometritos de subida a una media (aproximada) del 7% llegamos por fin a la cima. Allí, reagrupados, nos esperaba el agua fresca de una fuente. Mientras me acerco al caño a rellenar mi bidón vemos que se acerca un Nissan Patrol de la Guardia Civil. Sabemos que nos van a tirar de las orejas porque a fin de cuentas nos hemos saltado un muro, que los muros y los candados de las puertas suelen estar por algo.

El coche se para a nuestra altura y el guardia (iba uno solo) nos pregunta si tenemos permiso para estar allí. Creemos que es una pregunta trampa, acabamos de comenzar la fase de tanteo. Nos hacemos los tontos y le decimos que estamos siguiendo un track y que nos ha metido por ahí. Él argumenta que había un muro y una puerta y nosotros le respondemos que el muro tenía escalera hecha para ser atravesado, casi que era una invitación. No parece que nuestras explicaciones, bastante pobres ciertamente, le estén convenciendo y sale del coche y levantando la voz por encima de lo necesario nos insta a todos a presentarle nuestra documentación. Ya la tenemos liada. Nos hemos colado en un paraje de Patrimonio Nacional en el que no se puede estar bajo ninguna circunstancia.

Alto a la Guardia CivilHe borrado la matrícula porque yo ya no sé lo que se puede publicar y lo que no…

Sergio le dice que se calme, que no hay necesidad de alterarse… y se arrepiente de momento porque deduce que entrar en una discusión no le va a situar en ventaja en ningún caso. El Guardia no se lo toma demasiado mal y le contesta que está muy tranquilo. Le vamos presentando nuestros DNIs uno a uno. Algunos físicamente, otros de forma digital, alguno creo incluso que usó el carnet de conducir con la app de la DGT, fíjate cómo hemos evolucionado. Al ser Sergio y yo los primeros en identificarnos nos pregunta si somos todos de Leganés… lo mismo eso hubiera servido para restarle premeditación y alevosía (porque todo el mundo sabe que en Leganés saltar muros es el deporte que más practicamos) pero no. Le tenemos que reconocer que somos de distintas zonas de la Comunidad de Madrid. Cuando revisa la documentación de Jaime y se da cuenta de que reside en Guadarrama le señala que él tendría que saber que por ahí no se puede ir en bici (ni andando ni de ninguna de las maneras). Jaime, que no tiene un pelo de tonto, se calla. Pero ganas daban de contestarle si se piensa que al comprar una vivienda en Guadarrama le hacen a uno pasar un examen para asegurarse de que el nuevo propietario conoce todas las circunstancias y naturalezas de las distintas restricciones de paso del municipio y de los municipios aledaños. En fin, una vez estuvimos todos debidamente identificados el señor Guardia nos comenzó a explicar un poco la situación: que estábamos en una zona de acceso restringidísimo, que solo se puede pasar los miércoles y los domingos para recorrer no sé qué carretera pero desde luego no esa en la que estábamos, que habíamos saltado un muro de la época de Felipe II, que había unas escaleras de 2200 peldaños (no me enteré bien de esta parte porque el ruido del motor del Patrol no me dejaba oír) y que la sanción partía de 3.000€. De eso sí me enteré bien.

Evidentemente nos instó a salir de allí y quisimos jugar la carta de «a ver si podemos salir por donde se tarde menos ya que estamos donde no debemos». Sabíamos de sobra que se tardaba menos siguiendo el track de nuestra ruta. El guardia nos preguntó por dónde habíamos llegado. De nuevo pregunta trampa porque lo sabía perfectamente. Le contestamos «por allí»… y por allí nos mandó de vuelta. Bueno, nos dio a elegir: «si salís por donde habéis entrado, nada. Si salís por el otro lado, os denuncio».  Elegimos sabiamente y con el rabo entre las piernas le dimos la vuelta a la bici y agradeciendo al guardia su servicio comenzamos a bajar por donde habíamos subido. ¡Vaya tela marinera!

¿Y qué hacemos ahora?

Aunque saboreábamos aún el amargor de la derrota, la bajada por la misma carretera que habíamos subido fue rapidísima y divertida. Y como somos gente de sacarle el lado divertido a todo,  enseguida comenzaron las bromas y los chistes al respecto de lo que nos acababa de pasar. No voy a reproducir ninguno por respeto al Cuerpo y porque el Guardia, a fin de cuentas, estaba haciendo su trabajo.

Saltamos el muro de nuevo, con muchísimo cuidado ahora sabiendo que era de Felipe II, y nos encontrábamos en la situación de tener que decidir si volver por donde habíamos venido (tenía el inconveniente de tener que subir una cuestaza bien gorda) o colarnos por segunda vez en el día en una finca privada. Apenas había una alambrada de obra cerrando el paso y el Bombi miró en el teléfono que la carretera M600 pasaba a pocos cientos de metros por debajo así que con mucho arte retiramos la alambrada y pasamos uno detrás de otro. Dando la ruta por «completada» se trataba de llegar a Guadarrama lo antes posible.

El camino era difuso porque estaba claro que por allí no había mucho tránsito, pero estaba lo suficientemente marcado como para poder tener una referencia clara por donde rodar. Fue rápido y divertido. Enseguida llegamos a la altura de la carretera pero, naturalmente, una valla nos impedía el paso. Tuvimos que saltar una cancela pasando las bicis por encima para poder salir. Una vez fuera, sabiéndonos dentro de la legalidad, respiramos tranquilos.

Track disponible en Wikiloc

Cruzamos un poco a las bravas la M600 para poder incorporarnos al tráfico que a esa hora ya era bastante denso entre Guadarrama y El Escorial. Rodamos por carretera a una velocidad adecuada y apenas tres kilómetros después ya estábamos en Guadarrama.

El mejor final de jornada

Tras dejar las bicis a buen recaudo nos sentamos en la terraza del bar y nos pedimos unas cervezas y unos torreznos. Lo que el cuerpo necesita después de una exigente ruta en bici y un sobresalto con la autoridad. Éramos incapaces de dejar de hacer bromas. A cada cual mejor, pero siempre con la mosca detrás de la oreja. ¿Cumplirá su palabra y no nos denunciará? Solo podemos confiar en que sí.

Cayeron dos rondas repletas de risas y de compadreo antes de que los que no se podían quedar a comer se marcharan a continuar con sus quehaceres. Pablo, que a penar encima de la bici no se apunta pero a una buena comilona sí, se incorporó y tras una ducha rápida en casa de Jaime acudimos al restaurante.

Tercer tiempoMira qué caritas de felicidad

No hay nada como completar con una buena comilona una mañana de ciclismo de montaña con amigos. Y en La Calleja se come muuuuuy bien. Disfrutamos de la comida como lo habíamos estado haciendo del aperitivo y salimos de allí rodando (pero no en bici), tremendamente satisfechos. Pienso volver, no me cabe duda.

A media tarde, casi doce horas después de nuestra llegada, Sergio y yo poníamos rumbo de vuelta a Leganés cansadísimos pero con esa sonrisa tonta que se te queda en la boca cuando has disfrutado de un día… ¿Perfecto? ¡No lo sé! ¿Habría sido mejor sin el incidente con la Guardia Civil? Yo, la verdad, creo que no. Eso sí… no podemos volver a repetirlo porque entonces sí que vamos a pagarlo caro.

Sin mucho más que contar, simplemente señalar que echamos de menos a los perdedores que no pudisteis acudir, a ver si para la próxima hay más suerte.

Y a los que sí acudisteis, ¡Gracias por ayudarme a vivir estas aventuras!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio