Cercedilla – Segovia en verso

 

Con tanto tiempo que tengo
me viene a la mente un reto:
compartir esta aventura
escribiéndola en soneto.

Pero, siendo yo aún novel
en lo que a rimas refiere,
con versos de arte mayor
no pienso hacer el pelele.

Es por eso, amigo mío,
que he elegido el romance.
Por su intrínseca simpleza,
para salir de este lance.

Pero, sin tanto rodeo,
demos inicio al relato.
Estoy bastante seguro
que pasarás muy buen rato.

El verano casi acaba
y se presenta un viaje:
un bikepacking burgalés.
Necesitamos rodaje

Quisimos un buen entreno
que no quedan muchos días:
de Cercedilla a Segovia
pasando por la Fuenfría.

Así, cinco Perdedores,
contando con una rusa,
comenzamos esta ruta…
con una vuelta confusa.

El retorno a Cercedilla
tendría que hacerse por tren.
Pero el servicio no marcha
por obras en el andén.

Pero no adelantaré
detalles sin ton ni son.
Ve leyendo y poco a poco
llegaremos al turrón.

12, mes de septiembre.
Sábado por la mañana.
Nueve y media en Cercedilla.
Comenzamos la escalada.

Cercedilla

Y así, aún con frío en los pies,
por la «urba» El Tomillar,
comenzamos la subida…
Y me cuesta respirar.

¡Vaya cuestas iniciales!
¡Y sin haber calentado!
Rampas del doce por ciento…
pero con buen asfaltado.

Tras haber penado un poco,
que esto es solo el principio,
el Camino Puricelli
nos coloca en nuestro sitio.

Piedra después de piedra,
y luego, cien piedras más.
Y yo con la bici rígida
me voy a descoyuntar.

Camino Puricelli

No obstante, no es casual
la elección de mi Cannondale.
prefiero ponerla a punto
previniendo en Burgos el «fail».

Después de tremendo muro
que ninguno superamos,
dejamos el Puricelli
y de camino cambiamos.

Comenzamos a rodar
por el de «los campamentos».
Un poco más agradable,
se acabaron los lamentos.

Track disponible en Wikiloc

El firme mejoró mucho.
Se acabaron las raíces.
Las rampas, también mas suaves
rodábamos más felices.

Y, para mi regocijo,
sin sentar un precedente,
íbamos los cinco juntos.
¡Cómo quiero yo a mi gente!

Conversaciones amenas
y paisajes increíbles.
Rodando por Cercedilla
no gozar es imposible.

La temperatura es buena,
todos vistiendo de corto.
No llegaba a 30 grados.
Yo el calor no lo soporto.

Hospital de la Fuenfría,
carretera de las Dehesas…
Seguimos subiendo metros
pero las piernas no pesan.

Llegados a cierto punto,
muerta de hambre la rusa,
hicimos una parada,
que tenía mucha gusa.

Kilómetros, seis llevamos.
Arroyo de Majavilán.
parada para ir saciando
el hambre de un gavilán.

Después de pocos minutos
retomamos nuestra marcha.
paisajes muy, muy bonitos
y la carretera, ancha.

¿Nuestro próxima parada?
Mirador de los poetas.
O de Vicente Alexaindre,
que el nombre no comprometa.

Subimos a muy buen ritmo.
yo, el primer sorprendido.
No sé qué prisa llevamos,
Segovia no se ha perdido

Kilómetro diez y medio,
llegamos al mirador.
Las vistas, impresionantes.
Madrid mostrando esplendor.

Y va Natalia y nos cuenta
su subida a Guarramillas.
En bici y siendo de noche.
¡Qué bestia, qué maravilla!

No queda mucha subida
pero hay que ser prudente.
Antes de salir del bosque
buscaremos una fuente.

El Bombi, casi sin agua
por un error de novato,
le pide un chorrazo a Sergio
antes de pasar mal rato.

Fuente

Cruzando el camino Schmidt
encontramos un pilón.
Manaba agua muy rica.
Refrescaba mogollón.

Poco, muy poco queda
para llegar a la cima.
Y yo aquí… aprendiendo
a enlazar rima con rima.

Mirador de la Reina

El Mirador de la Reina:
nuestra última parada.
Más por echar la foto
que por ser necesitada.

Al poco, por fin llegamos
al puerto de la Fuenfría.
Satisfechos, orgullosos.
y yo, lleno de alegría.

Porque no pasé mal rato,
disfruté de la ascensión.
Todos juntos, como equipo,
con paciencia y… compasión.

Atendiendo a la prudencia
reservamos restaurante
que Segovia, siendo finde,
tiene mucho visitante.

Con la reserva ya hecha,
comenzamos la bajada.
Jaime, chequeando el Garmin,
nos marcaba la trazada.

Se me saltan los empastes
de tantas rocas que piso.
Si lo sé, traigo la doble.
pedregal sin previo aviso.

Después de sufrir un poco,
más que camino, cantera,
en la Fuente de la Reina
tomamos la carretera.

Ahora la cosa cambia.
¡Vaya paisajes bonitos!
¡La bici se embala sola!
¡Parecemos meteoritos!

Vamos perdiendo altura
abandonando el pinar.
El paisaje torna a feo,
se convierte en secarral.

Pero el interés aumenta.
De pista, pasa a sendero.
Todos los sentidos puestos
para así acabarlo entero.

Aquí, más que la doble,
falta un componente clave:
no llevo mi tija pija.
¡Y caerme sería grave!

Pero todos, no solo yo,
conseguimos la proeza
de llegar hasta el llaneo
sin partirnos la cabeza.

Así es, amigo mío,
que rodando muy veloces
alcanzamos por fin Segovia
con la una en los relojes.

Acueducto de Segovia

Sin pretender aburrir
a quien me honra leyendo,
esta crónica rimada
propongo ir concluyendo.

Con calor y mucha sed
llegamos al restaurante
Una terraza a la sombra
y alegría en el semblante.

De primero, judiones.
Yo, sopa castellana.
De segundo, cochinillo
Y cerveza, cosa mala.

Cochinillo

Satisfechos y felices
nos buscamos un jardín
donde tumbarnos un rato
y poder descansar al fin.

No llegamos a dormirnos,
no llegamos a roncar.
Nos fuimos a la estación
a esperar al autocar.

Lourditas llego en coche
para arreglar el transporte.
En el bus, no caben bicis:
línea auxiliar de soporte.

En el coche entraron cinco
bicicletas con dulzura.
Recuerda, no había tren:
obras en la infraestructura.

Con esto, ya me despido
espero, os haya gustado.
Lo importante es la intención
y un buen rato he dedicado.

Mil gracias a mis amigos.
Nos decimos «perdedores».
Yo no os cambio ni un ratito
por otros más «ganadores».

Y, aunque suene cursi esto,
añoramos las ausencias.
Ya habrá más ocasiones
de contar con más audiencia.

A todos, de corazón,
os emplazo en la siguiente.
Lo prometo por mi bici:
acudiré sonriente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio